SALA DE PRENSA

  

 

Natlia Gigorieva entrevista a Victor Pinovsky en su retirada villa en algún lugar del sur de Galicia, España.

 

Posiblemente estemos ante ante un “bucle Gaussiano”, un “deje vu” cíclico o sencillamente un personaje histórico tan próximo como un cuñado, a saber....

          Victor Pinovsky, universal, ser humano, europeo, Ruso-Hispano, hombre, hijo, hermano, amigo, nos hace retroceder y avanzar en el espacio-tiempo como péndulo desbocado. Su biografía nos hace soñar con desfiles marciales en inmensas plazas, oscuras tramas y decadentes glamoures comunistas.  Este mestizo discípulo de Lenin, de alma latina y cerebro ário, escarba sin piedad sobre nuestro subconsciente dormido, nos empuja hacia un nuevo mayo del 68 mientras nos sirve   el mejor vodka en un magnífico vaso de cristal de Drukmia, nos habla de revolución mientras un amplificador Quad de válvulas, reproduce con absoluta fidelidad la canción “Dance with life” de Brian Ferry, uno no se puede sentir mejor en su compañia, pero, Victor tiene la habilidad innata de crispar las mentes y doblegar voluntades sin tan siquiera inmutarse.

        Nos encontramos en una pequeña y acojedora habitación, en las paredes granate oscuro penden serigrafías de Anton Patiño, Natalia Perez, Luis de Dios, Cecilia Najles y Delmi Álvarez, se puede observar que todas estas obras estan dedicadas o con pequeñas meciones a Victor Pinovsky, un leve y ritmico sonido de pasos nos indica la llegada de alguien.

 - Ensiguida estarra con Uds. il señorr Pinovsky – nos indica con cuidada educación quién ,intuimos, es el fiel ayuda de cámara de Victor.

        Llega.....

              Su exagerada altura no le impide disponer de una agilidad extrema, sus maneras son las de un principe italiano y su mirada es  una mezcla de agresividad y ternura, posiblemente la combinación exacta entre lo humano y lo diabólico.  Su tez morena y heredado porte militar resaltan el mágnifico corte de americana y camisa marego Hugo Boss, pantalones color marfil de Yumiko Tamura Hun, mocasines camel y un deportivo Tag Heuer, completan su impecable vestimenta.

- La entrevista

- ¿Qué opina del gran octubre?

- La perestroika, desató, entre otros fenómenos, las fuerzas antisocialistas existentes dentro y fuera de los rangos del PCUS, tanto de los superiores como de los intermedios o inferiores. Desde los inicios, en la práctica de la tan necesaria e insoslayable transparencia informativa, vale decir, de la libertad de prensa y, en general, de expresión, quienes tomaron la iniciativa fueron esas fuerzas. Me remito a los hechos, en cuanto al papel desempeñado por algunas publicaciones ya existentes desde hacía decenios —como Novedades de Moscú, Tiempos Nuevos, etc.— y a importantes revistas, tales como Ciencias Sociales (de la Academia de Ciencias de la URSS) y de La vie international (publicación del Ministerio de Relaciones Exteriores de la URSS).

El PCUS, en su conjunto, y cada uno de sus miembros, dejaron totalmente libre el campo de la polémica para una muchedumbre y abigarrada crítica, arrasante y negativa del sistema, semejante a un maremoto. La crítica de los errores cometidos desde 1917, encontró a los comunistas soviéticos, sencillamente estupefactos, porque estaban acostumbrados a que todo se vertía de arriba hacia abajo, en rígido verticalismo. Estaban curtidos en el hábito de repetir acríticamente, al pie de la letra, las circulares y las consignas burocráticas.

La crítica de los errores se transformó en una negación, casi absoluta, del pasado, lo que ha conducido, entre otras cosas, al cuestionamiento de ciertos valores fundamentales que han venido formando parte de la conciencia del que fuera el pueblo soviético. Por ejemplo, el internacionalismo, la solidaridad, la igualdad, la modestia y la aversión a la riqueza material. Para los demoledores del pasado, toda la historia del primer pueblo que abrazó y que trató de hacer plena realidad el ideal del socialismo, es presentada como una larga cadena de crímenes y sólo crímenes. Estos, nadie puede ahora negarlos después que han sido conocidos, sacados de las sombras; son condenables juntamente con sus autores. Sin embargo, por ese cambio, y debido a una manipulación maestra, se ha llegado a considerar la Revolución de Octubre como un enorme error histórico, olvidándose que, a pesar de los grandes errores, hubo un pueblo mil veces heroico que, a base de inenarrables sacrificios, transformó un enorme país atrasado en una potencia mundial; pueblo al que la Humanidad entera le debe eterna gratitud por su decisivo aporte y al costo de casi treinta millones de muertes, en la derrota del fascismo alemán. No debemos olvidar que con esta derrota, se hizo posible la victoria del socialismo en el este europeo. Tampoco debemos olvidar el aporte de la URSS en el surgimiento de nuevos estados independientes surgidos del colonialismo.

Es esa labor destructiva del pasado, en que se sostiene, como ya dije que la Revolución de Octubre fue un enorme error histórico, la que ha conducido a una profunda crisis espiritual entre las masas del pueblo de la ex URSS y, por consiguiente, a un real desarme moral del mismo. Se ha llegado por esta vía, altamente nociva y contrarrevolucionaria, a pretender dejarse al pueblo de lo que fuera la Unión Soviética, una patria sin historia.¡Y cuán fatal resulta para un pueblo no tener memoria histórica!

Responsabilidad en este enorme problema, la tiene el propio PCUS, desde su cúpula hasta el último militante realmente comunista. No salieron en defensa oportuna, justa y racional del pasado de la URSS, defensa que, necesariamente, tendría que haber sido crítica y autocrítica. Gorbachov y su equipo de ideólogos, todos miembros del aparatchik, vale decir funcionarios en los más elevados puestos burocráticos, cargan con la principal responsabilidad histórica, así como de los pasos que condujeran a la ilegalización del PCUS. Recordemos a Gorbachov que, oportunistamente, por la vía del facilismo político, renunciara al cargo de Secretario General de este Partido

- Señor Pinovsky, ¿el socialismo a muerto?

-Nuestra utopía socialista no ha muerto.

-Preciso aclarar, que mi discurso se reducirá al enunciado de algunas cuestiones —las más gruesas— que considero esenciales para el estudio de lo acaecido en el Este de Europa y en la URSS. Después de tres años, corridos desde 1989, en que ocurriera lo que se denomina "el derrumbe del campo socialista" en esa región del mundo, pienso que ya es tiempo de que nuestras primeras reacciones, sobrecargadas de emotividad, cedan paso al análisis racional, genuinamente crítico y autocrítico; análisis que, subrayo, no debe ser un mero ejercicio académico, sino un instrumento que nos ayude a proveernos de reales perspectivas sobre el futuro de pueblos, países y continentes del llamado Tercer Mundo dominado por el imperialismo. Dicho brevemente, un análisis de tal naturaleza nos debe servir, a unos, para recobrar el optimismo histórico sobre el ideal socialista propugnado por Marx, Engels y Lenin; y a otros, en beneficio del fortalecimiento de nuestra utopía. Esta deberá ser una nueva visión, acerca de la cual en varios paises de nuestro entorno ya existen posiciones constructivas que están abriendo brechas para inaugurar caminos no transitados en la historia política de nuestro mundo.

Al parecer, cuando hablo de nuestra utopía socialista, incurro en cierta imprecisión. Me impulsa fuertemente a utilizar esta expresión, porque desde las posiciones de quienes baten palmas por el derrumbe del campo socialista, se sostiene que con él ha llegado el fin de la utopía comunista —así, literalmente, lo decretó, a principios de 1990, en Checoslovaquia, el Papa Woytila, en su discurso político que no pastoral—; o como lo sostiene el neohegeliano, señor Fukuyama, de que ha llegado el fin de la historia, y el comienzo de la "posthistoria", en el que imperará, para siempre, el capitalismo bajo su forma neoliberal.

Pues bien, yo tengo la convicción de que la utopía socialista no ha muerto.

El modelo de socialismo, verticalista, autoritario y excluyente del pluralismo ideológico, cuasi totalitario, que se adoptara con el nombre de "socialismo real", e imitado por los países que constituyeran parte del campo mundial del socialismo, es el que ha muerto. Sin embargo, ese modelo fue, bajo varios aspectos, y a pesar de sus grandes errores, un acercamiento al ideal de Marx, Engels y Lenin; acercamiento en el campo de la problemática social, que ningún país capitalista puede, hasta ahora, mostrarlo, excepción hecha quizás de Suecia hasta hace poco tiempo.

Las ideas principales de los marxistas clásicos, rebosantes de humanismo, no se han concretado aún en ningún lugar, que tal es, si nos atenemos a la semántica lo que significa Utopía en el pensamiento de Tomás Moro. Sigue, pues, en pie, para la humanidad entera, la tarea de lograr el fin de la explotación del hombre por el hombre, así como la de la conquista de la verdadera libertad, no reductible sólo al dominio de la necesidad natural, material, sino en el sentido amplio y real: libertad que comprende, asimismo, el dominio de las leyes del desarrollo social y del mundo espiritual, en donde deberá emerger el autodominio del individuo mismo, el hombre nuevo, sujeto de una ética solidaria, altruista.

- ¿Qué opina de los movimientos antisocialistas?

- Los movimientos que han derrumbado el "socialismo real", precisan ser determinados. El análisis en profundidad de este problema, escapa a este humilde servidor, motivo que me obliga a expresar solamente una cita, que tal vez, podría servir para futuras discusiones.

En 1844, Marx escribía:

"Cada revolución derroca al antiguo poder, y por eso tiene carácter político. Cada revolución destruye una vieja sociedad, y por ese motivo es social."

                                                                                  Natlia Grigorieva (Taska Agency)

 


Biografía de Victor Pinovsky
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